Invité
a Gloria al teatro porque me regalaban una entrada para la función
que yo servía. En una de nuestras charlas ella me contó
que en Uruguay iba mucho al teatro. Hacía 17 años, allí en
Montevideo, había visto un célebre montaje de Las Brujas de Salem.
Deseé que pudiera ver la versión en la que yo ahora participaba.
Celebré mi buena acción: estaba invitando al teatro a una vagabunda.