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lunes, 26 de diciembre de 2016

Desde el cine de los hermanos Dardenne. La culpa y la nada.


La culpabilidad es un síntoma de cohesión social. Las religiones, las ideologías y las modas son mecanismos que nos vertebran en lo común. Toda cultura lo es. Hay razones legítimas para ello y también hay grados de vinculación abusivos y aniquiladores de la vitalidad individual.
Algunas películas de los Dardenne arrancan con nuestros protagonistas manteniendo una relación fuerte. Son Bruno y Sonia, Roger e Igor, Lorna y Sokol en “La Promesa”, “ L’enfant” y “El silencio de Lorna”. En todas se quiebra el vínculo porque uno de ellos ha de colocarse en una posición moral que lo enfrenta al otro. Otras veces ocurre que dos personas se encuentran y tienen algo que arreglar. Rosetta con Riquet, Oliver y Francis, Lorna y Claudy. Desarrollan sentimientos enfrentados, se deben cosas, se necesitan, se reprochan.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Un cuento de amor



La miraba con latidos amplios, con pulsaciones que, aunque eran rápidas, parecían lentas. Se debía a la distancia, a que provenían de un lejano estar, de un profundo sentir. Ése que los vinculaba, que era un misterio. Que era absoluto, nuevo y peligroso. Podía ser peligroso, llegaba a pensar él, porque lo desapropiaba, porque lo hacía servil. Indefenso, a tu espera, todo, deseo, ven y roba.
Saberse esclavo de ella ¿Es posible tal intuición? Habría que, para ello, aceptar que hay destino, que está escrito, que el tiempo todo es ya.

lunes, 12 de diciembre de 2016

La brecha



El día está oscuro y ya no llueve pero los coches se deslizan sobre el pavimento mojado y atraviesan charcos y a la casa llega el sonido del agua al quebrarse, salpicando, a pesar de las ventanas cerradas y de las cortinas corridas. El cielo está oscuro pero madre e hijo disfrutan del día que aísla y se animan a cubrirlo de todo aquello que calienta, sean las ropas, los aromas, las comidas y las ceremonias.
Suena el móvil. Marina observa en la pantalla que es su madre y piensa que no es el momento y no descuelga. Hay una magia en el ambiente que no quiere romper al hablar. Ella teme que caigan reproches, mensajes asustadizos, consejos. Porque Marina ha dicho que no a un trabajo y su madre aún no lo sabe pero teme que se le escape. Siempre acaba pasando eso: ella sabe qué no ha de decir ante su madre pero lo dice. Y así vuelve a repetirse la misma historia: el reproche, el consejo, los miedos. Está la prudencia a un lado y al otro el error que no debes cometer. ¿Y por qué no? Porque para su madre del error no se aprende. El error te va marcando, como las lesiones. Mírate, Marina. Eres la consecuencia de tus errores. Escogiste una pareja que nunca fue conveniente y ahora cargas con el hijo tú sola. Malvives en los trabajos por el error de dejar a aquel jefe y a aquel otro. Veinte años pagando alquileres y ahora hemos de ayudarte a mantener tu hogar.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Huele a nuestras resistencias


Crematorios en verano. 
Huele a nuestras resistencias. 
Retinas encogidas. 
Lejanías insalvables. 
Desiertos de amor propio.