Nadie
llora.
En
la repisa acumulé los sueños
y
los libros y los conocimientos.
Ordené
y catalogué las ideas,
los
pensamientos, los sentimientos.
A
mi mamá le regalé las honras
y
me di cuenta de que no reía.
Me
volví a fregar la vajilla y
ella
me dijo, hija mía, si a mí
me
gustabas tan alegre y libre, cría.
Hubo
un tiempo de cordeles
que me ataban a
la intemperie.
Hoy el silencio es un
aire aséptico.
Ya
no hay luz en la sombra. Nadie llora.