Evitaba mirar al hombre que
iba a la caza de colillas por miedo a que si lo hacía se
estableciera una relación entre ambos. Ocurrió que la relación se
estableció, a su pesar, de alguna manera. Y es que siempre que ella
sube por la calle Salvador, sea a las cuatro menos cuarto o a las
cuatro menos diez o a las cuatro menos cinco, se lo encuentra a una
altura u otra de la calle, bien estirado, tan largo y delgado, que a
cada poco se agacha veloz y recupera una chusta.
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| Joanna Concejo |

