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sábado, 15 de octubre de 2016

Conmutación de paquetes


1. Recibo un correo de un hombre con apellido extranjero que me manda una carta que debo firmar para la cesión de derechos de mi relato “Historia de Amor”. Tengo claro que yo no he hablado últimamente con nadie para negociar algo de este tipo pero es cierto que yo me llamo Soledad Ventura y que en algún momento publiqué un relato que se llama “Cuento de Amor”.
Últimamente yo ando dándole vueltas a esto de hacer más esfuerzos en torno a los asuntos que rodean la escritura.
2. Me pregunto varias veces por el paradero de mi crónico amor platónico. Hace tiempo que no le veo. Hace tiempo que dejé de buscarle. Decido darme el gusto de buscarle un poquito y me entero de que se ha ido a vivir a Argentina. Qué susto. Qué impresión. Ahora entiendo por qué desde hace tanto no me lo tropiezo.
Y me vuelvo a enamorar. Me alegro por él. Lo echo tanto de menos...
3. Recibo hace un par de días un correo destinado a una mujer que también se apellida Ventura pero se llama Sara. Al parecer está recién enamorada y vive una bonita historia. La emisora se alegra por su situación, la felicita por su valentía y celebra que las cosas marchen.
Dos veces he tenido que avisar y disculparme por recibir un correo no destinado a mí. 
Anhelé recibir una carta que tuviera que ver con la publicación de algún escrito mío. 
Anhelé ser la afortunada enamorada.
Pienso en las flores que alguien me envió en el día de mi cumpleaños.
Mantuve un diálogo muy interesante con la emisora que felicitaba a la enamorada.
Le mando saludos desde aquí.
Los dos correos recibidos venían de Argentina. No sé quien me envió las rosas. Dudo que vaya a recibir un correo de mi amor platónico. El que está en Argentina. También.
4. Te juro que no miento cuando te digo que recibí un tercer correo. Éste no estaba destinado a ninguna Soledad ni a ninguna Ventura pero me llegó a mí. Era un correo con cierto olor a riesgo que una activista le enviaba a otra. También venía de Argentina.
Yo nunca he estado en Argentina.
Se me ocurre que debo enviar cosas a Argentina. Quizás deba reenviar a otros los correos que me llegaron. Que recorran mundo. Que un día lleguen a través de mí a su destino.

Como mensajes en una botella...
Ya no lanzamos mensajes en una botella aunque de otra manera lo hacemos más que nunca. Colgamos en la nube, conmutamos paquetes...
Hice no hace mucho un taller con una informática que contaba cómo se mueve la información en una red distribuida. Eso es Internet, una red distribuida. Se mueve por lo que se llama “conmutación de paquetes”: el envío se divide en paquetes.
Las participantes en el taller hacíamos ejercicios prácticos para visualizar el movimiento de información. Todas de pie, en un aula vacía, nos intercambiábamos notas que venían de alguna que quería comunicar con alguna 1. Lo más probable es que nosotras no pudiéramos llegar a alguna 1 pero sí teníamos contacto con alguna 3 ó 4. Así que le dábamos a alguna de éstas el paquete con la confianza radical de que el paquete seguiría en movimiento hasta llegar a alguna 1.
Los correos privados pueden ir cifrados. Así que tú no lees el mensaje de la botella. Esto que yo escribo es para cualquiera. Así que si lo paso es para que cualquiera lo lea.
Lo que fortalece a una red distribuida es la cantidad de caminos alternativos. La red distribuida tiene una inteligencia distribuida. Nadie puede conocerlo todo en una red distribuida ¿Quién duda de que esto cambia las sociedades, su organización y el ejercicio de poder?¿En qué sentido me acerca todo esto a mi amor platónico? ¿Por qué escribo y quién me puede leer?
Dibujo de redes de Paul Baran



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