1.
Recibo un correo de un hombre con apellido extranjero que me manda
una carta que debo firmar para la cesión de derechos de mi relato
“Historia de Amor”. Tengo claro que yo no he hablado últimamente
con nadie para negociar algo de este tipo pero es cierto que yo me
llamo Soledad Ventura y que en algún momento publiqué un relato que
se llama “Cuento de Amor”.
Últimamente
yo ando dándole vueltas a esto de hacer más esfuerzos en torno a
los asuntos que rodean la escritura.
2.
Me pregunto varias veces por el paradero de mi crónico amor
platónico. Hace tiempo que no le veo. Hace tiempo que dejé de
buscarle. Decido darme el gusto de buscarle un poquito y me entero de
que se ha ido a vivir a Argentina. Qué susto. Qué impresión. Ahora
entiendo por qué desde hace tanto no me lo tropiezo.
Y
me vuelvo a enamorar. Me alegro por él. Lo echo tanto de menos...
3.
Recibo hace un par de días un correo destinado a una mujer que
también se apellida Ventura pero se llama Sara. Al parecer está
recién enamorada y vive una bonita historia. La emisora se alegra
por su situación, la felicita por su valentía y celebra que las
cosas marchen.
Dos
veces he tenido que avisar y disculparme por recibir un correo no
destinado a mí.
Anhelé
recibir una carta que tuviera que ver con la publicación de algún
escrito mío.
Anhelé
ser la afortunada enamorada.
Pienso
en las flores que alguien me envió en el día de mi cumpleaños.
Mantuve un diálogo muy interesante con la
emisora que felicitaba a la enamorada.
Le
mando saludos desde aquí.
Los
dos correos recibidos venían de Argentina. No sé quien me envió
las rosas. Dudo que vaya a recibir un correo de mi amor platónico.
El que está en Argentina. También.
4.
Te juro que no miento cuando te digo que recibí un tercer correo.
Éste no estaba destinado a ninguna Soledad ni a ninguna Ventura pero
me llegó a mí. Era un correo con cierto olor a riesgo que una
activista le enviaba a otra. También venía de Argentina.
Yo
nunca he estado en Argentina.
Se
me ocurre que debo
enviar cosas a Argentina.
Quizás deba reenviar a otros los correos que me llegaron. Que recorran mundo. Que un día lleguen a través de mí a su destino.
Como mensajes en una botella...
Como mensajes en una botella...
Ya
no lanzamos mensajes en una botella aunque de otra manera lo hacemos
más que nunca. Colgamos en la nube, conmutamos paquetes...
Hice
no hace mucho un taller con una informática que
contaba cómo se mueve
la información en una
red distribuida. Eso
es Internet, una
red distribuida.
Se mueve por lo que se llama “conmutación de
paquetes”: el envío se
divide en paquetes.
Las
participantes en el taller hacíamos ejercicios prácticos para
visualizar el movimiento de información. Todas de pie, en un aula
vacía, nos intercambiábamos notas que venían de alguna que quería
comunicar con alguna 1. Lo más probable es que nosotras no
pudiéramos llegar a alguna 1 pero sí teníamos contacto con alguna
3 ó 4. Así que le dábamos a alguna de éstas el paquete con la
confianza radical de que el paquete seguiría en movimiento hasta
llegar a alguna 1.
Los
correos privados pueden ir cifrados. Así que tú no lees el mensaje
de la botella. Esto que yo escribo es para cualquiera. Así que si lo
paso es para que cualquiera lo lea.
Lo
que fortalece a una red distribuida es la cantidad de caminos alternativos. La red distribuida tiene una inteligencia distribuida.
Nadie puede conocerlo
todo en una red distribuida ¿Quién
duda de que esto cambia las sociedades, su organización y el
ejercicio de poder?¿En qué sentido me acerca todo esto a mi amor platónico? ¿Por qué escribo y quién me puede leer?
Dibujo de redes de Paul Baran

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