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jueves, 3 de noviembre de 2016

El primo del marido de mi amiga


Hace unos días quedé en encontrarme en un centro ocupado y autogestionado con una amiga. Íbamos a ver danzas africanas. A mí me gusta la danza, a mi amiga también le gusta y a nuestros hijos e hijas también les gusta. Ella viene acompañada de su marido y del primo de su marido. Percibo un desajuste en la imagen. Hay algo que no cuadra. 

El marido de mi amiga trae una camisa verde de Polo y el otro trae una camisa blanca. Ambos calzan mocasines. Ambos hablan de la misma manera. Podría confundir sus voces. El primo del marido de mi amiga se muestra amable y yo respondo a su saludo. Nos sentamos en unas sillas que rodean una mesa que está sola en una esquina. Siempre es interesante la ubicación de los muebles en un centro anarquista.
Nuestros hijos e hijas hablan con alegría y yo también converso con mi amiga. Luego me ocupo de observar al primo del marido de mi amiga. Tiene la mirada desaforada y una panza prominente. Mi amiga me dice que él sufre porque su pareja se fue. Le abandonó, se fue. Y con ella se llevó un vientre germinado de esperanza, un feto, un bebé.
Pensé en toda la medicación que tomaba el primo del marido de mi amiga. Me preocupé pensando cómo ejecutaría su trabajo en los juzgados. ¿Me preocuparía de la misma manera por la ejecución del trabajo de un vendedor en una tienda, de un camarero en un bar? Me preocuparía por la ejecución del trabajo de un obrero en la construcción medicado como él anda.
Yo veo en el primo del marido de mi amiga un fracaso de hombre y no un hombre en crisis post-separación. Imaginé la estampida de su mujer al descubrirlo. Éste hombre no es un hombre malo. Es sólo un despojo de hombre. Pienso.
Tampoco se merece que le roben a un hijo. Ya.
Los dos primos se ocupan de bromear entre sí respecto al lugar donde estamos. “A qué lugares me traes. Eres un pozo de sorpresas”. El marido de mi amiga ríe. Él disfruta de la “gente pintoresca”. Es un tipo de derechas pero no es un dogmático. Así suele llamar él a la gente de izquierdas: “dogmática”.
Bromean acerca de la homosexualidad. Se preguntan si éste que pasa u este otro son gays. Observan que son atractivos, que están en forma, que visten a la última. El primo del marido de mi amiga es bastante amanerado. Dice que no entiende cómo los hombres pueden ser gays. Entre mujeres aún lo entiende un poco.
El marido de mi amiga es un hombre de derechas. Como su primo. Proviene de una familia de derechas. Pero es cierto que siempre tiene amigos algo curiosos, marcados por un fracaso que les hace víctimas de una propuesta vital que no les encaja. Todos parecen frágiles -quizás demasiado sensibles- para ese plan familiar que traían asignado. No son los que se han pasado al otro bando. No son ni comunistas ni anarquistas. Son los hijos fracasados en el plan vital de las derechas.
El marido de mi amiga es un hombre generoso. Yo lo he visto defender a un mantero ante la policía, acoger a gente en su casa y responder -siempre responder- a las llamadas repetitivas de amigos o primos en crisis. Él escucha. Escucha y también opina. Analiza y habla mucho. Es más. No puede parar. Siente vértigo ante el silencio. Esos días en que se siente revuelto y se encuentra incómodo por mi presencia, por la suya o por la de otro, se disculpa por estar tan callado. Creo que él no piensa en lo que los demás ven de él. Sólo tiene en cuenta lo que dice. Participa hablando, sólo hablando. Es una cabeza que piensa y habla. Sus movimientos son torpes, su participación en las cosas domésticas es nula. Pero él no pierde el hilo de la conversación.
Este marido y su mujer que es mi amiga tienen hijos a los que ella cuida a todas horas. Para no esclavizarse con los cuidados y con la casa ha contratado a una limpiadora que viene una vez a la semana cuando nadie está. Éste es el modo en que ella hecha fuera un poco de la basura que se junta en las casas donde no hay corresponsabilidad. La basura se la lleva la mujer que viene y también los euros que cobra por cada una de sus horas que no son tan pocos pero que yo sé que no valen lo que cuesta la mierda bien profunda que se llevan de las familias que no atienden a su basura.
Pero ¿ya he dicho que el marido de mi amiga es un hombre generoso?
He de reconocer que la observación del marido de mi amiga me ha abierto la mirada. Me ha hecho, quizás, menos dogmática. Pocas veces hablo con él de política. Pero yo sé que su posición de derechas es dogmática. Espero que la observación de gente tan pintoresca y de sus prácticas ablanden sus dogmas de derechas o, por lo menos, le hagan tomar conciencia de ellos. Si tomas conciencia de tus dogmas, con más facilidad los puedes poner en cuestión. Puedes entonces, crear, inventar nuevas agencias, reordenar las cosas y las relaciones de otra manera. Ya estás entonces en las posibilidades del presente.

Martha Rosler


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