Hace
unos días quedé en encontrarme en un centro ocupado y
autogestionado con una amiga. Íbamos a ver danzas africanas. A mí
me gusta la danza, a mi amiga también le gusta y a nuestros hijos e
hijas también les gusta. Ella viene acompañada de su marido y del
primo de su marido. Percibo un desajuste en la imagen. Hay algo que
no cuadra.
El marido de mi amiga trae una camisa verde de Polo y el otro trae una camisa blanca. Ambos calzan mocasines. Ambos hablan de la misma manera. Podría confundir sus voces. El primo del marido de mi amiga se muestra amable y yo respondo a su saludo. Nos sentamos en unas sillas que rodean una mesa que está sola en una esquina. Siempre es interesante la ubicación de los muebles en un centro anarquista.
El marido de mi amiga trae una camisa verde de Polo y el otro trae una camisa blanca. Ambos calzan mocasines. Ambos hablan de la misma manera. Podría confundir sus voces. El primo del marido de mi amiga se muestra amable y yo respondo a su saludo. Nos sentamos en unas sillas que rodean una mesa que está sola en una esquina. Siempre es interesante la ubicación de los muebles en un centro anarquista.
Nuestros
hijos e hijas hablan con alegría y yo también converso con mi
amiga. Luego me ocupo de observar al primo del marido de mi amiga.
Tiene la mirada desaforada y una panza prominente. Mi amiga me dice
que él sufre porque su pareja se fue. Le abandonó, se fue. Y con
ella se llevó un vientre germinado de esperanza, un feto, un bebé.
Pensé
en toda la medicación que tomaba el primo del marido de mi amiga. Me
preocupé pensando cómo ejecutaría su trabajo en los juzgados. ¿Me preocuparía de la misma manera por la ejecución
del trabajo de un vendedor en una tienda, de un camarero en un bar?
Me preocuparía por la ejecución del trabajo de un obrero en la
construcción medicado como él anda.
Yo
veo en el primo del marido de mi amiga un fracaso de hombre y no un
hombre en crisis post-separación. Imaginé la estampida de su mujer
al descubrirlo. Éste hombre no es un hombre malo. Es sólo un
despojo de hombre. Pienso.
Tampoco
se merece que le roben a un hijo. Ya.
Los
dos primos se ocupan de bromear entre sí respecto al lugar donde
estamos. “A qué
lugares me traes. Eres un pozo de sorpresas”.
El marido de mi amiga ríe. Él disfruta de la “gente
pintoresca”. Es un tipo de derechas pero no es un dogmático. Así
suele llamar él a la gente de izquierdas: “dogmática”.
Bromean
acerca de la homosexualidad. Se preguntan si éste que pasa u este
otro son gays. Observan que son atractivos, que están en forma, que
visten a la última. El primo del marido de mi amiga es bastante
amanerado. Dice que no entiende cómo los hombres pueden ser gays.
Entre mujeres aún lo entiende un poco.
El
marido de mi amiga es un hombre de derechas. Como su primo. Proviene
de una familia de derechas. Pero es cierto que siempre tiene amigos
algo curiosos, marcados por un fracaso que les hace víctimas de una
propuesta vital que no les encaja. Todos parecen frágiles -quizás
demasiado sensibles- para ese plan familiar que traían asignado. No
son los que se han pasado al otro bando. No son ni comunistas ni
anarquistas. Son los hijos fracasados en el plan vital de las
derechas.
El
marido de mi amiga es un hombre generoso. Yo lo he visto defender a
un mantero ante la policía, acoger a gente en su casa y responder
-siempre responder- a las llamadas repetitivas de amigos o primos en
crisis. Él escucha. Escucha y también opina. Analiza y habla mucho.
Es más. No puede parar. Siente vértigo ante el silencio. Esos días
en que se siente revuelto y se encuentra incómodo por mi presencia,
por la suya o por la de otro, se disculpa por estar tan callado. Creo
que él no piensa en lo que los demás ven de él. Sólo tiene en
cuenta lo que dice. Participa hablando, sólo hablando. Es una cabeza
que piensa y habla. Sus movimientos son torpes, su participación en
las cosas domésticas es nula. Pero él no pierde el hilo de la
conversación.
Este
marido y su mujer que es mi amiga tienen hijos a los que ella cuida a
todas horas. Para no esclavizarse con los cuidados y con la casa ha
contratado a una limpiadora que viene una vez a la semana cuando
nadie está. Éste es el modo en que ella hecha fuera un poco de la basura que se junta en las casas donde no hay corresponsabilidad. La basura se la lleva la mujer que viene y también los euros que cobra
por cada una de sus horas que no son tan pocos pero que yo sé que
no valen lo que cuesta la mierda bien profunda que se llevan de las
familias que no atienden a su basura.
Pero
¿ya he dicho que el marido de mi amiga es un hombre generoso?
He
de reconocer que la observación del marido de mi amiga me ha abierto
la mirada. Me ha hecho, quizás, menos dogmática. Pocas veces hablo
con él de política. Pero yo sé
que su posición de derechas es dogmática. Espero que la observación
de gente tan pintoresca y de sus prácticas ablanden sus dogmas
de derechas o, por lo menos, le hagan tomar conciencia de ellos. Si
tomas conciencia de tus dogmas, con más facilidad los puedes poner
en cuestión. Puedes entonces, crear, inventar nuevas agencias,
reordenar las cosas y las relaciones de otra manera. Ya estás
entonces en las posibilidades del presente.

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