Este
año veraneé por el Tajo. Mi hijo dijo Los ríos son verdes y
yo contesté ¿a que sí?.
Cuando
nos conocimos tú y yo hablamos de los ríos... Creo. Yo dije que los
ríos eran verdes y tú me corregiste porque eran azules. Yo
continué: Bueno sí, pero a su paso por la tierra
se ponen verdes. Eso
te hizo mucha gracia: ¿el azul con el marrón da el
verde? Aquello
se quedó como si yo hubiera dicho una graciosa tontería. Desperté
tu ternura y a mí eso me gustó porque te amaba. Luego, enseguida te
fuiste.
Ahora
compruebo que mi hijo lo ve igual. Como también yo lo he visto este
verano. Los ríos son verdes. Perdona.
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